Juramento de la Concepción en 1617

Juramento de la Concepción en 1617
IV Centenario de una gran efeméride inmaculista


JULIO MAYO

En este día tan señalado, pasa desapercibida la conmemoración del juramento que la iglesia y el Ayuntamiento de Sevilla hicieron, conjuntamente, el 8 de diciembre de 1617, en defensa de la concepción de María sin mancha de pecado original. Nuestra ciudad se puso a la cabeza en el conflicto mariano que se desató entre defensores y detractores  del carácter inmaculado de la Virgen, después de que un fraile dominico lo hubiese en entredicho, en 1613. Este debate teológico había surgido en un contexto de tirantez entre Sevilla y la corte madrileña. A instancias del Arzobispo de Sevilla, don Pedro de Castro, se le solicitó al rey Felipe III que requiriese al Papa una declaración propicia a la clemencia concepcionista. Sería en 1616, cuando el monarca español instituyó la Real Junta de la Inmaculada, convirtiéndose todo este asunto en una cuestión más política que espiritual. El pueblo sevillano mostró su beneplácito a la causa de forma unánime, expresando su fervor mediante la organización de numerosas funciones religiosas, procesiones, veladas literarias, fiestas de toros, funciones de fuegos artificiales, y mascaradas. Aquella efervescencia piadosa de devoción popular creada en torno a la Inmaculada Concepción, tan íntimamente unida al barroco sevillano, le sirvió a la iglesia hispalense para hacer ver al orbe cristiano que había realizado una gran aportación devocional de carácter universal. Y así, puedo revestir de mayor argumento reivindicaciones como la de discutirle a Toledo su condición de sede primada de la iglesia española.

Foto de Julio Mayo publicad en ABC de Sevilla

         En las actas del cabildo de la catedral se asienta, el 16 de octubre de 1617, que el Papa Paulo V había concedido un Breve favorable a la Inmaculada. A partir de entonces, se sucedieron innumerables eventos, religiosos y festivos, dispuestos por conventos, parroquias, gremios, cofradías y nacionalidades de la ciudad en adhesión a la Inmaculada. Tuvieron su culmen en la gran fiesta litúrgica que se celebró en la catedral el 7 y 8 de diciembre de 1617. El día de su festividad litúrgica, se unieron las primeras autoridades eclesiásticas y civiles locales, para proclamar con solemnidad la defensa del misterio de la Limpia. Tras el sermón, cumplimentaron en el altar mayor el ritual del juramento, el prelado, los canónicos y demás miembros del clero catedraliceo, junto a la corporación municipal, liderada por don Diego Sarmiento de Sotomayor, conde de Salvatierra, a la sazón Asistente de Sevilla. Un fragmento de la fórmula extraída del Archivo de la catedral, traducida del latín eclesiástico, dice así: “Nos, don Pedro de Castro, Arzobispo de Sevilla y el venerable coro de nuestro Cabildo y la florentísima ciudad de Sevilla (…/…) confesamos que Tú, o Madre de Dios, en el primer instante de tu Concepción fuiste preservada del pecado original, por los méritos de Christo tu hijo (…/…) de esta manera lo votamos, de la misma lo prometemos, de la propia lo juramos, así Dios nos ayude y estos Santos Evangelios de Dios. Tu sentencia, voto, juramentos ponemos a los santísimos pies de nuestro santísimo padre Papa, Paulo V, para que se digne de confirmar con su apostólica bendición todas estas cosas”.
         Al grandísimo acontecimiento religioso, acudieron los ediles lujosamente ataviados, integrando un amplio cortejo desde el consistorio. El arzobispo, escoltado por una docena de pajes y niños del coro, vestía brocados dorados y en su mitra ostentaba una brillante pedrería preciosa, mientras que los miembros de cada corporación, llevaban cadenas y cintillos de diamantes, así como joyas en las gorras. La ocasión lo requería. Ambas entidades debían demostrar ser las más poderosas de las que prestaron el servicio de jurar la pureza virginal. En la Relación del Solemne Juramento que mandó imprimir el Ayuntamiento a Francisco de Lyra aquel mismo año, se hace constar las salvas que los navíos atracados en el río, junto a la Torre del Oro, dispararon al tiempo de formularse el juramento. A esta celebración le sucedieron otras más, fuera de los templos, como las fiestas de toros y juegos de cañas con libreas, efectuada por don Melchor de Alcázar, el martes 19 de diciembre, según la relación publicada por el poeta y músico del Siglo de Oro, Juan de Arguijo.
        
Foto de Julio Mayo publicada en ABC de Sevilla

Foto de Julio Mayo publicada en ABC de Sevilla


El arzobispo frente al rey.
         En el mes de noviembre de 1617, nuestro arzobispo –ardiente concepcionista–, se había opuesto abiertamente a la propuesta realizada por Felipe III para elegir a Santa Teresa como patrona de España, aduciendo no estar canonizada y ser incompatible su patronazgo con el del apóstol Santiago. Por una parte, estaba el arzobispo de Sevilla como núcleo generador y, por otra, los seguidores del rey. Estos desencuentros pudieron tener su origen, según el historiador Domínguez Ortiz, en los sentimientos de hostilidad que se habían despertado en el sur de España contra la corte desde principios del seiscientos. En este sentido, el asunto de la Inmaculada habría sido empleado por algunas familias aristocráticas, propietarias de numerosos pueblos, como arma de confrontación territorial en aquella Sevilla de las primeras décadas del siglo XVII, así puesto de manifiesto por las investigaciones de Domínguez Fúrdalo y Sánchez Jiménez.
         Ante la pasividad de ciudades españolas emblemáticas como Toledo, Valladolid o la propia villa de Madrid en involucrarse sobre el origen pecador (…), el arzobispo de Sevilla se anticipó a ellas. En 1616, envió a la corte (…) de procuradores, entre quienes se hallaban el canónigo Mateo Vázquez de Leca y el padre jesuita Bernardo del Toro, a fin de obtener una recomendación regia con la que acudir a Roma y tratar de obtener algún apoyo. Mientras tanto, el arzobispo supo engendrar una agobiante presión sobre la monarquía española y la Santa Sede. Los partidarios de la opinión contraria, aducían que todas aquellas manifestaciones populares, consideradas como revolucionarias, así como las adhesiones institucionales que no paraban de secundarse entre los colectivos sociales, agitaban y provocaban alborotos. La enfervorecida defensa del misterio concepcionista –incluso hasta dar la vida y derramar la propia sangre, si hiciera falta- preocupaba muchísimo a las autoridades, por la repercusión de los grandes tumultos en la alteración del orden púbico. Finalmente, la voluntad del pueblo se impuso en los dictámenes oficiales , como lo pone de manifiesto la gracia concedida por el sumo pontífice romano, antes citado.


Foto de Julio Mayo publicada en ABC de Sevilla



Religiosidad popular para desterrar pecados
         Las clases más humildes nunca consideraron que María hubiese nacido manchada, por lo que la reivindicación de esta doctrina inmaculada cosechó un respaldo considerable en este amplio sector poblacional. Aquella Sevilla populosa, dotada con el primer puerto donde entraban las embarcaciones provenientes de América, cargadas de oro y plata, se asemejaba a la antigua Babilonia sumida en el pecado. Su mal vivir le hizo merecer una baja reputación que precisaba ser corregida, restringiendo la prostitución, erradicando los vicios y fomentando un loable espíritu de misericordia y caridad con la que atender la pobreza de la calle. Para esta gran reforma promovida por el arzobispo Pedro de Castro, este se valió del amplio repertorio devocional de la piedad popular sevillana, como principal herramienta de su método pastoral. Franciscanos y jesuitas, por su parte, se involucraron afanosamente en promover la defensa de la Inmaculada, cuya lucha contribuyó a elevar el culto mariano hasta convertirlo en la seña de identidad más destacada del panorama católico después del Concilio de Trento.

         En la sesión capitular del Archivo Municipal, correspondiente al 29 de noviembre de 1617, se afirma que Sevilla, en el asunto de la Inmaculada, había sido la primera “en piedad y religión en su servicio a la Reina de los Ángeles”, con cuya acción había dado un colosal ejemplo a la cristiandad. En el contexto de la Iglesia universal de entonces, la propia Iglesia de Sevilla consiguió posicionarse en un rango de primer nivel. De no ser así, la embajada concepcionista nunca hubiese sido recibida en la Santa Sede, dada la autoridad con la que Roma se sentía a la hora de pronunciarse en cualquier cuestión doctrinal. Más aún, después de haber sido la causa este argumento mariológico de las diferencias entre católicos y protestantes. Por esta razón, es muy valorable la capacidad que tuvo la iglesia sevillana para expresarse y, por su puesto, hacerse escuchar. Con el peso que había adquirido, aspiró a rebatirle a Toledo su primacía con razonamientos históricos, explicados muchas veces con obras de arte que fraguaron artistas barrocos. Un caso preclaro es el del propio Murillo, quien tuvo la magistral capacidad de transmitir con su pintura, el compromiso religioso que asumió como creyente, y cuya genialidad le permitió dar forma plástica definitiva al modelo iconográfico de la Inmaculada, inspirándose en los rostros populares de mocitas criadas en Sevilla.


  
JULIO MAYO ES HISTORIADOR.



Publicado hoy viernes 8 de diciembre de 2017 en diario ABC de Sevilla y autorizado por Julio Mayo para ser publicado en el blog de la Asociación Cultural Searus.

Casa de Andrés Bernáldez, cura de Los Palacios, cronista de los Reyes Católicos

CASA DEL BACHILLER ANDRÉS BERNÁLDEZ,
CRONISTA DE LOS REYES CATÓLICOS.


La casa donde vivió Andrés Bernáldez, “El Cura de Los Palacios”, estuvo ubicada en el nº 8-10 de la calle Andrés Bernáldez, antigua del Hospital, según los relatos que a lo largo de los años han hecho referencia a ella. Desafortunadamente la casa original de los años del bachiller (S. XV) hace mucho tiempo que desapareció…

Derribo de la casa nº 8-10 de la c/ Andrés Bernáldez (Antigua del Hospital)
Foto: Javier Parejo, año 1983. Publicada en la Revista Los Cuatro Vientos.

Autor. Herrera, M.  Retrato de Andrés Bernáldez
visto por D. Antonio Alfaro en 1901.
(Archivo fotográfico de M. Herrera).
Publicado en Retratos del Pueblo Volumen II.

Casas nº 8 y 10, c/ Andrés Bernáldez (Antigua del Hospital). Foto: Miguel Sánchez Martín, 2017.


1.- La casa de Bernáldez en el siglo XV-XVI. Memorias del Reinado de los Reyes Católicos.

La vivienda de la que hablamos se encuentra situada en el nº 8-10 de la calle Andrés Bernáldez, antigua del Hospital (en los textos se emplaza en el nº 10); lugar donde según la tradición vivió de 1488 a 1513 el eclesiástico e historiador Andrés Bernáldez, cronista de los Reyes Católicos, conocido en el mundo de las letras como “El Cura de Los Palacios”. Se ubica la casa actualmente en el número 8-10 y no en el número 10 como hacen referencia los escritos, tal vez  debido a la unión de viviendas situadas en la misma acera.

Es un lugar que visitaron y estuvieron hospedados personajes de relevancia y enorme trascendencia en la historia de España…

Según cuenta Bernáldez en “Memorias del Reinado de los Reyes Católicos”, en el año 1496, después de regresar del segundo viaje a las Indias, el almirante Cristóbal Colón visitó Los Palacios y Villafranca y fue recibido y quedó hospedado en su casa, acompañado del hermano del cacique Caonaboa, de un sobrino del cacique y del obispo Juan de Fonseca. Lo relata el cronista:

 “ E así ge lo dixe e fize entender yo el año de mil e cuatrocientos e noventa y seis, cuando vino a Castilla la primera vez después de aver ido otra vez a descubrir, que fué mi  huésped e me dexó algunas de sus escripturas, en presencia de don Juan de Fonseca, de donde yo saqué e cotegé con otras que escribió el doctor Chanca, e otros cavalleros que con él fueron en los viages ya dichos. que escribieron lo que vieron.”
“E antes que de allá partiese, avía perndido al grand cacique Caonaboa, e a un hermano e a su un su fijo de fasta diez años, no en pelea, salvo desque los aseguró; e después diz que dixo que los traía a ver al rey e a la reina, para después volverlos en su onrra e estado. Traía al Caonaboa e a un su hermano de fasta treinta e cinco años, a quien puso por nonbre don Diego, e a un moçuelo sobrino suyo, fijo de otro hermano. E murióse el Caonaboa en la mar, o de dolencia o de poco placer. Traía un collar el dicho don Diego, hermano de Caonaboa, de oro, que fazía el almirante poner cuando entrava por las cibdades o logares, fechao a eslabones de cadena, que pesava seiscientos castellanos; el cual yo vi e tomé en mis manos, e tuve por huéspedes en mi casa al obispo don Juan de Fonseca e al almirante e al dicho don Diego”.

Casas nº 8 y 10, c/ Andrés Bernáldez (Antigua del Hospital). Foto: Miguel Sánchez Martín, 2014.

2.-La casa de Bernáldez en el siglo XIX.

a) Eduardo Antón Rodríguez, 1864.

En La Guía del Viagero (sic) por el Ferrocarril de Sevilla a Cádiz, editada en 1864, Eduardo Antón Rodríguez da el emplazamiento exacto de la morada del bachiller, “calle del Hospital con el número 10, manzana 32, cuartel A moderno”, comentando que era una lástima la situación de abandono en la que se encontraba donde viviera el insigne cronista de Los Reyes Católicos:

 “En frente de la puerta del S. de la parroquia, á 6 metros de esta, se halla la antigua casa que fué propiedad y morada del cura de los Palacios, Bernardo Hernaldez, célebre y fecundo cronista, amigo íntimo de Cristobal Colón, á quien tuvo hospedado en ella varias veces en su paso desde el convento de la Rábida á Granada, cuando mendigaba los recursos necesarios para llevar á cabo la asombrosa espedición que había de agregar un mundo á los dominios de Castilla. Está situada en la calle del Hospital con el número 10, manzana 32, cuartel A moderno. Dentro de pocos años se buscará en vano la mansión que dio albergue al ilustre genovés: en el año próximo pasado (1863) se ha hundido el tejado de la parte N. de la casa, sin que nadie haya pensado en reponerlo, y desde el centro de la iglesia se ven los tres arcos interiores.  Aunque la ocupa algun vecino, es tal su deterioro, que la parte habitable y habitada amenaza venirse abajo muy pronto. Es sensible que la Diputación provincial de Sevilla, contando como cuenta en su seno muchas personas de reconocida ilustración, no haya procurado conservar este edificio, mucho más cuando podia habilitarse para escuela la parte baja del mismo, toda vez que el local destinado en el día á "...dicho objeto, e, mas bien que otra cosa, una cuadra de malas condiciones.  De este modo se legaba á la posteridad una muestra del respeto que se merecen los grandes hombres, y se llenaba un deber sagrado trasladando la escuela de niños á un punto desahogado y conveniente. Al  visitar nosotros la casa que habitaron Hernaldez y Colon, no pudimos por menos de recordar las siguientes palabras de Jouy: "Los sitios habitados en otro tiempo por los hombres ilustres escitan grandes y generosos recuerdos, y con razon se ha comparado la fama que les sigue, á aquellas preciosas esencias que llenan el espacio y se evaporan difícilmente"”.  

Perfil de Los Palacios. La Guía del Viagero (sic) por el Ferrocarril de Sevilla a Cádiz,
de Eduardo Antón Rodríguez, 1864.


       Eduardo Antón se quejaba de la falta de sensibilidad tanto de las autoridades locales como provinciales (diputación) por la dejadez y falta de cuidado del lugar histórico en el que vivió Andrés Bernáldez.

b) Manuel Pérez y Jiménez, 1870.

Años más tarde, el que fuera párroco de Santa María La Blanca desde 1851 a 1874, don Manuel Pérez y Jiménez, escribe una carta contestando a la petición de información de la sociedad de Bibliógrafos Andaluces en el año 1870, donde comenta la existencia de un trozo de lápida que habría estado situada en la casa de Andrés Bernáldez, y en la que aparecía el nombre de Colón, recordando de esa manera el acontecimiento:
“Desgraciadamente no se conserva ya estas partidas, pero se conserva la tradición en esta villa de haber habitado Bernáldez y parado Colón en una casa contigua a la iglesia, señalada con el número 10 de la calle del Hospital, en la cuál yo he encontrado un trozo de mármol que parece pertenecer a una inscripción conmemorativa del Colón, cuyo nombre casi por completo y la inicial de su apellido se leen en dicho trozo.”


4.-La casa de Bernáldez en el siglo XX.

a) Joaquín Romero Murube, 1954.

No le fue ajena la existencia de la casa del Bernáldez al insigne palaciego Joaquín Romero Murube, haciendo referencia de ella en Pueblo Lejano y comentando, además, la existencia de la anteriormente mencionada lápida o inscripción y los motivos de su desaparición…
 “Se conserva intacta la casa en que vivió Andrés Bernáldez, en la callecita estrecha que forma la iglesia con la parte más antigua del pueblo, casi en la esquina de la calle llamada del Paraíso. ¡Calle del Paraíso!. La casa era pobre y blanquísima de cal. Allí recibió la visita de Cristóbal Colón, cuando el navegante pedía ayuda y consejos para su genial aventura descubridora. Lo recordaba una lapidilla de mármol que lucía sobre el dintel de la puerta. Los frente-populistas la hicieron añicos la tarde del 18 de julio de 1936. No ha vuelto a ser restituida”.

C/ Andrés Bernáldez (Antigua del Hospital) de oeste a este. Foto: Miguel Sánchez Martín, 2017.


b)  Andrés Vázquez, en 1957.

El 11 de septiembre de 1957 en las páginas del diario ABC de Sevilla, José Andrés Vázquez escribía: “Recorremos los sitios que contaron los pasos del preclaro cronista, y aún nos detuvimos ante la casa que fue su posible habitación, sita en la calle del Hospital, número 10, a trasmano de la iglesia advocada a Nuestra Señora de las Nieves…”. 

C/ Andrés Bernáldez (Antigua del Hospital). Foto: Serrano.
Publicada en el diario ABC de Sevilla, 11 septiembre de 1957.


No obstante, la foto que acompaña al texto de Vázquez no se corresponde con la casa de Andrés Bernáldez. La fachada que aparece en la ilustración pertenece a la casa situada en la otra punta de la calle, muy cercana del portón que daba acceso al patio de caballos de la antigua Casa Palacio del Atalayuela y que hace esquina con la calle Alfonso XI.


c) Alfonso Mauriño, en 1986.

El palaciego Alfonso Mauriño publica en febrero de 1986, en la revista editada por la Diputación Provincial de Sevilla, el artículo “El cura de Los Palacios historiador del descubrimiento” en el que dice: “Rodrigo Caro, comprobó que Andrés Bernáldez habitó una casa contigua a la iglesia en el núm. 10 de la calle del Hospital, donde durante muchos años estuvo puesta una lápida de mármol, que decía que allí se hospedó Cristóbal Colón y que fue acompañado del hijo del cacique Caonaboa”.

En el texto redactado por Alfonso Mauriño  se vuelve a hacer referencia a la ubicación exacta de la casa de Andrés Bernáldez, indicando la existencia de una lápida con letras grabadas que hacían referencia a la efemérides de la visita del Almirante y su séquito. No obstante, se aprecia cierta incorrección en el mensaje que transcribía la referida losa, ya que según los escritos de Bernáldez acompañaron a Colón el hermano y sobrino del cacique y no el hijo.

Derribo de la casa nº 8-10 de la c/ Andrés Bernáldez (Antigua del Hospital)
Foto: Javier Parejo, año 1983. Publicada en la Revista Los Cuatro Vientos.


d) V Centenario de Villafranca de la Marisma, en 2002.

En el año 2002, coincidiendo con la celebración del V Centenario de Villafranca de la Marisma, se instaló un azulejo en la fachada lateral del nº 8 de la calle Andrés Bernáldez, coincidente con el nº 10 que aparece en los diferentes documentos. En la referida cerámica aparece grabada la imagen de Andrés Bernáldez y el texto de Joaquín Romero Murube, recordando el lugar emblemático e histórico en el que está colocada:

 “Se conserva intacta la casa en que vivió Andrés Bernáldez, en la callecita estrecha que forma la iglesia con la parte más antigua del pueblo, casi en la esquina de la calle llamada del Paraíso”.

Foto: Miguel Sánchez Martín, 2017.


Patrimonio Cultural de Los Palacios y Villafranca, herencia colectiva, lo que da identidad, origen y continuidad a nuestro pueblo…


Miguel Sánchez Martín, noviembre de 2017






BIBLIOGRAFÍA:

1.- Bernáldez, Andrés. Memorias del Reinado de los Reyes Católicos. Edición y estudio de Manuel Gómez-Moreno y Juan de M. Carriazo. Madrid, 1962.

2.- Eduardo Antón Rodríguez. Guía del Viagero (sic) por el Ferrocarril de Sevilla a Cadiz. Sevilla, 1864.

3.-Antonio Cruzado González. Evolución histórica de Los Palacios y Villafranca, 1994.

4.- Revista Los Cuatro Vientos, nº 20. Los Palacios y Villafranca, 1983

5.- Joaquín Romero Murube. Pueblo Lejano. Ínsula, 1954.

6.- José Andrés Vázquez. Diario ABC de Sevilla, 11 de septiembre de 1957.

7.- Alfonso Mauriño. Revista Diputación de Sevilla, febrero de 1986.

8.-Varios. Retratos del pueblo Volumen II. Los Palacios y Villafranca, 1993.

9.-Fotos de Miguel Sánchez Marín, fachada casa nº 8-10, calle Andrés Bernáldez.  2017

Asociación Cultural SEARUS / SEARS, Roebuck and CO.



LITIGIO INTERNACIONAL

Asociación Cultural SEARUS / SEARS, Roebuck and CO.


ÍNDICE




1.      Introducción.                                                                        Pág. 2

2.      Multinacional Sears, Roebouck and CO. en España.          Pág. 3-4

3.      Searus, revista de la Asociación de Antiguos Alumnos
de Los Palacios.                                                                    Pág. 5
                                                                            
4.      Solicitud de marca y denegación de inscripción.                Pág. 6-7

5.     Recurso de reposición en EE.UU.                                        Pág. 7-8

6.      Aprobación del expediente de marca “SEARUS”.              Pág. 9


7.      Bibliografía.                                                                         Pág. 10



1.-INTRODUCCIÓN.

Celebramos 40 años desde la legalización de la Asociación Cultural Searus, 11 de septiembre de 2017, con la publicación del trabajo de investigación sobre el contencioso que mantuvo la Asociación con la multinacional norteamericana SEARS, Roebuck and CO. Con el presente documento pretendemos homenajear al grupo de atrevidos jóvenes palaciegos, de los años setenta y ochenta del pasado siglo, que fueron pioneros en la cultura de Los Palacios y Villafranca y a los que ningún obstáculo les hizo retroceder.

El Litigio del que tratamos se produjo al inscribir la Asociación en el registro de la Propiedad Industrial la marca “SEARUS” como nombre de su revista, a lo que la multinacional americana interpuso una demanda alegando similitud del nombre con el de la revista “NOTI-SEARS”, que era publicada por los empleados de su filial española. El pleito se celebró en el condado de Cook (EEUU), asistiendo y representando a la Asociación Cultural Searus el Cónsul de España en el estado de Illinois, así como la empresa Rodolfo de la Torre S. L. El pleito finalizaría en noviembre de 1980 con la autorización para publicar a nivel local y el pago de 12.993 pesetas, una fortuna para aquella época, por los trámites del recurso.

Grupo de socios de Searus durante la entrega de premios del IV Certamen de Poseía, celebrado en el desaparecido Cine Aurora, junio de 1981. Foto: Searus.




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"Consolación y el Conde Duque"

CONSOLACIÓN Y EL CONDE DUQUE

JULIO MAYO
El Papa Urbano VIII concedió a su excelencia don Gaspar de Guzmán, señor conde de Olivares, el patronazgo honorífico de la iglesia y convento de «la beata Madre de Consolación de Utrera», en 1624, según reza textualmente en el buleto original que encontramos, hace algunos años, escrito en latín eclesiástico, dentro del Archivo parroquial de Santa María de la Mesa. Este mismo documento, especifica que era patrono también del colegio mayor de Santa María de Jesús de Sevilla, origen de la actual universidad hispalense, cuyo primitivo edificio se derribó para abrir la actual Avenida de la Constitución, a comienzos del siglo XX, junto a la capilla que se mantiene en pie en la misma Puerta de Jerez. La adjudicación del patronazgo queda confirmada así mismo por una carta de pago, datada el mismo año, que hemos localizado en el Archivo histórico provincial, entre las escrituras correspondientes al notario Miguel de Baena. Comparece liquidando cierta cantidad económica al convento de Consolación, don Cristóbal Jiménez Gómez, «contador de la hacienda y Estado de su excelencia el señor Conde de Olivares, en nombre y en voz del dicho señor conde». El desembarco en Consolación se produce en los momentos iniciales de su carrera política, después de que en 1621 hubiese sido coronado Felipe IV como rey de España, y se convirtiese, don Gaspar, en el primer representante real.

Ilustración del siglo XVIII. Foto: ABC

En aquellas primeras décadas del siglo XVII, el fenómeno devocional de Consolación no se circunscribe a un ámbito meramente local. Abarca un amplio término supracomarcal. Esos días vive momentos de esplendor y es ya una de las manifestaciones piadosas más populares del Siglo de Oro sevillano. Las peregrinaciones hacia el santuario utrerano se habían incrementado muy considerablemente. Fue cuando alcanzó el mayor número de hermandades filiales, participantes todas ellas en su multitudinaria romería y procesión de cada 8 de septiembre, algo similar a como se formula hoy la del Rocío. En las explanadas de la ermita, ubicada en un enclave estratégico muy bien comunicado con los puertos gaditanos, se desarrollaba durante todo el año una intensa actividad comercial. Allí se instalaba también la feria, estrechamente relacionada con el comercio de las Indias, y en la que atesoraba un protagonismo primordial el mercadeo de la plata y otros metales preciosos. En primera instancia, fue el pueblo llano el que reconoció esta manifestación mariana que se había gestado en un lugar marginal, a las afueras del núcleo urbano. A partir del famoso milagro de la Lámpara de aceite, obrado en torno a 1558, el prestigio de la imagen saltó a América, y universalizaron su bendito nombre los numerosísimos viajeros y soldados de la Armada que le imploraban buen viaje, al pasar por Utrera camino de Sanlúcar de Barrameda rumbo a América. A la aclamación popular le siguió la proclamación oficial. Gracias a un documento del Archivo Municipal de Utrera, sabemos que, a inicios de la década de 1590, había sido nombrada ya patrona de la localidad. A renglón seguido, también comenzaron a rendirle culto las familias aristocráticas más distinguidas del sur de España y las más destacadas de la propia Utrera.
El erudito utrerano Rodrigo Caro publicó la historia del «Santuario de Nuestra Señora de Consolación», en 1622, cuando desempeñaba un cargo relevante como sacerdote y visitador eclesiástico en el arzobispado hispalense. Desentraña los orígenes, detalla numerosos milagros y narra acontecimientos contemporáneos a él. Pero no menciona el nombramiento de Olivares como insigne protector, por lo que este acontecimiento hubo de producirse después de que don Rodrigo terminase su libro. El célebre arqueólogo e historiador, formaba parte del grupo sevillano que constituía el entorno del conde-duque, y tertuliaban con él en los Reales Alcázares, como recrea el profesor Lleo Cañal en su trabajo sobre el círculo sevillano de Olivares. Caro intentó ingresar en la corte varias veces, aunque nunca pudo conseguirlo. Siendo mayor, pretendió ocupar el cargo de cronista de las Indias, aunque sin éxito, como documenta Guy Lazure en el estudio titulado «Rodrigo Caro y la corte de Felipe IV: itinerario de unas ambiciones frustradas». No tenemos documentado si Rodrigo Caro fue quien atrajo al conde-duque a Consolación, aunque es muy probable que su cercanía hubiese influido en la consumación del acercamiento.

Benefactor ilustre
El conde-duque de Olivares fue, en su tiempo, uno de los poquísimos gobernantes españoles comprometidos verdaderamente con la cultura, cuyas acciones de mecenazgos ha glosado maravillosamente su biógrafo John Elliott. Pero en el caso que nos ocupa, su contribución no se centró exclusivamente en el plano artístico, pese a que su amparo terminase enriqueciendo, indirectamente, ciertas cuestiones patrimoniales de este centro religioso y beneficiando el desarrollo de otras cuestiones socioculturales inherentes a Consolación. Aunque el historiador local del siglo XVIII, Pedro Román Meléndez, llegó a adjudicar la financiación del retablo mayor al patrocinio del conde, los documentos no lo corroboran así. Los artífices Luis de Figueroa y Andrés de Ocampo, se comprometieron en 1612 ante notario, con la comunidad de los frailes Mínimos, a realizar unos trabajos que pagaron los conventuales. Además, cuando don Gaspar fue nombrado patrono en 1624, el retablo principal ya estaba concluido. Rodrigo Caro recoge en su historia del Santuario (1622), que en la capilla mayor se levantaba «un hermoso tabernáculo y retablo que estos días le han hecho». Al cabo del tiempo, aquel retablo que comenzó a entallarse en 1612 terminaría siendo sustituido por el que hoy contemplamos, cuya instalación se inició el año 1713.

Retrato alegórico del Conde-Duque de Olivares, 1626.
Foto: ABC

El mecenazgo dispensado por Olivares, deja entrever algunas claves interesantes, como la protección política e institucional que el nombramiento le proporcionaría al santuario, así como el prestigio mutuo que se brindarían el conde y Consolación, respectivamente. Con el favor suyo, los frailes Mínimos obtuvieron una serie de exenciones fiscales que ayudaron a aumentar el culto de la Señora y extenderlo hacia otras fronteras. Los religiosos consiguieron las autorizaciones administrativas precisas para la elaboración de medallas de la Virgen, labradas en plata de ley, comercializar cintas con la medida de la imagen, así como el permiso eclesiástico oportuno para pedir limosnas en distintos puertos de España y América.
Desde Felipe II, la monarquía hispánica había puesto su mirada en Consolación, al autorizar el desembarco de los frailes Mínimos en 1561. Décadas más tarde, el principal valido del rey termina por incorporar su templo al elenco de santuarios marianos del país vinculados a la corona española, como por ejemplo el extremeño de Guadalupe. En aquellos momentos del barroco en los que el brillo del oro, proveniente del Nuevo Mundo, contrastaba con la gran mendicidad existente en la calle de los grandes pueblos, Consolación sobresalió entre las demás devociones por los innumerables beneficios y remedios que dispensó a los más humildes. ¿Cuánta grandeza y cuánto poder ostentaba la del Barquito en la Mano? La suficiente como para lograr encandilar también al máximo representante de la primera potencia mundial. Se explica así que Olivares eligiese como defensora suya –para que velara por él en todos sus frentes–, a la Madre que mejor encarna el Corazón de Utrera.
JULIO MAYO ES HISTORIADOR





Publicado hoy viernes 8 de septiembre de 2017 en la sección Tribuna de la edición digital del diario ABC de Sevilla y autorizado por Julio Mayo para ser publicado en el blog de la Asociación Cultural Searus.